jueves, 29 de octubre de 2009

Las escuelas y la enseñanza en la sociedad de la información. (José Manuel Pérez Tornero)

Las escuelas y la enseñanza en la sociedad de la información.
(José Manuel Pérez Tornero)

El final del siglo XX situó a las escuelas, y la enseñanza en general, ante un nuevo escenario tecnológico: una gran explosión de la comunicación audiovisual. Pero también delante de un nuevo escenario social: globalización financiera, desarrollo del comercio internacional, presión de corte neoliberal sobre el Estado del bienestar, la deslocalizacion de la producción e imaginario consumista de una sociedad en que la tecnología se ha convertido en el fetiche máximo.
La tecnología ha influido en esta situación más por los efectos que ha generado en el contexto general que por su propia incidencia en el interior de centros educativos. La presión del discurso de la modernidad tecnológica ha influido, directa o indirectamente, en muchas de las reacciones que se registran en el ámbito educativo.
Si la escuela tiene a ser refractaria a la incorporación de nuevas tecnologías y suele cerrarle sus puertas, éstas acaban entrando indirectamente por la ventana: quienes asisten a ella viven en un entorno cada vez más determinado por estas nuevas tecnologías.
En este texto, pretendemos sencillamente trazar un primer mapa de los grandes problemas con que nos encontramos y, en particular, aquellos que tiene que ver con el cambio mediático y comunicativo.

Los orígenes de la institución escolar.

Platón y Aristóteles sentaron las bases de las escuelas de los dos milenios siguientes. Pudieron fundar un sistema de educación centrado en una metodología racionalista y en una lógica deductiva que ha inspirado la educación occidental durante mucho tiempo.
Así, mientras hubo escasez de documentos y de depósitos de conocimiento, los espacios escolares y educativos fueron lugares privilegiados, casi sagrados, porque guardaban y administraban los pocos textos que existían, y, en su seno, congregaban a los maestros, sabios y expertos que se debían mantener cerca de las fuentes de conocimiento. Al mismo tiempo, siguieron cultivando la práctica de al escritura y de la lectura como el eje de todas sus actividades, a veces con ignorancia manifiesta de otras posibilidades de producción de conocimiento. Y, como consecuencia de todo ello, las escuelas y los centros de enseñanza se fueron consolidando como ámbitos orientados a la racionalidad y organización sistemática del conocimiento, según pautas que, directa o indirectamente, tenían que ver con los escritos y con los libros.
Esto fue así durante siglos, pero a medida que la tecnología permitió aumentar la capacidad de multiplicar textos, el papel de la escuela se iba ensanchando y adquiriendo paulatinamente una función universalizadora.
La llegada de la Revolución industrial y el afianzamiento de los sistemas sociales modernos operaron de modo ambiguo. Mantuvieron una escuela tradicional en lo que a curricula y sistema de lectroescritura se refiere, pero dieron un gran paso en la superación del elitismo en la universalización de la escolarización y en su democratización.
Es el momento en que la tradición escolar empieza a vivir el asedio de un nuevo mundo y a perder la autonomía relativa que, de un modo u otro, había mantenido durante mucho tiempo.

Las grandes transformaciones.

Nadie discute que se ha producido una explosion de información y conocimiento que ha desbordado a los centros educativos. Las escuelas y universidades ya no son los unicos centros de racionalidad y del progreso cientifico o social, ni los unicos que controlan la distribución del saber social.
Los media, su crecimiento continuo y su perenne ocupación del espacio-tiempo social, han venido a configurar un nuevo clima cognoscitivo y de apreondizaje y, sobre todo, un nuevo territorio que la escuela no puede ya acotar. A su vez, progresivamente se encargan de proporcionar la argamasa que requiere el tejido social contemporaneo. Y lo hacen de manera que, en cierto modo, tiende a la totalización.

El asedio a la enseñanaza tradicional.

Acoso, asedio y envolvimiento son palabras que definen la nueva situación de la escuela y la enseñanaza con relacion a su entorno.
Las nuevas redes mediaticas estan penetrando en los centros educativos creando nuevos ambientes de percepción y construccion de conocimiento.
Esta surgiendo un nuevo escenario que, dominado por los media y las comunicaciones, se está encargando de generar la mayoria de los aprendizajes socialmente relevantes.


Un esquema de la situación.

  • Claves del sistema escolar tradicional que se empiezan a tambalear en la sociedad de la información:
  1. La escuela ya no es la depositaría privilegiada del saber, o, al menos, no lo es del saber socialemnte relevante.
  2. Las escuelas tampoco son los ámbitos privilegiados de transmisión de la educación.
  3. La escuela es, tal vez, la institución más eficaz para la enseñanaza de la lectroescritura, pero está quedándose atrás hoy en día en la promoción de la nueva alfabetización de la sociedad de la información.
  4. En este contexto, los profesores ya no son considerados los maestros que atesoraban todas las habilidades y sabidurías.
  5. Las escuelas ya no disponen, como antaño, de los únicos instrumentos para la producción y sistematización del saber.
  6. La escuela se ha tornado, además, un elemento poco práctico.
  7. La escuela está perdiendo a marchas forzadas el poder que le había conferido el sistema social tradicional.
Las claves de una crisis.

Tanto cambio, acumulado en poco tiempo, ha conducido a una crisis múltiple que la escuela y la enseñanza está viviendo intensamente en este principio de siglo. Hay crisis en los curricula escolares. Hay crisis también en el lenguaje que funda la escuela. Crisis, además de recursos técnicos. Crisis de modelo de valores y de sistema de socialidad. Finalmente, crisis de gestión, que no es la menos importante.

Las actitudes ante los cambios.

Reformismo optimista: pensar que la pérdida de privilegios del sistema educativo, la aparición de nuevas fuentes accesibles de conocimiento y hasta la presencia de nuevas fuentes éticas constituyen elementos que trabajan por una democratización de la sociedad y a favor del acceso a un mayor grado de libertad de expresión y de acción.
Reformismo pesimista: reconocen el progreso que representa la modernización de las escuelas su democratización, pero, a la vista del rumbo general del sistema, consideran que estos procesos operan, apenas, como espejismos y coartadas de un sistema que camina progresivamente hacia la concentración del poner y no hacia un avance democrático.
Tradicionalismo pesimista: ven que la competencia de fuentes del saber, la pérdida de regulación y de control de los procesos por parte de profesores y tutores, y la omnipresencia del mercado acaba por desbaratar el frágil tejido de humanidad que sostenía los sistemas tradicionales de educación, lo cual conducirá a un fracaso social y cultural considerable.
Antirreformistas apocalípticos: consideran que todos estos cambios operan en el sentido de una invasión programada del sistema capitalista por ocupar y regir el espacio de la educación.

Apuesta por la renovación.

Hoy día, los retos de la educación se presentan casi universalmente, aunque con distintas matizaciones económicas, geógraficas y culturales, a saber:
  1. La apertura sistemática de las escuelas a nuevas fuentes del saber.
  2. La conversión de las escuelas en espacios de exploración, de descubrimiento y de invención.
  3. La participación de la comunidad entera en la educación.
  4. La aceptación de la necesidad de potenciar el tipo del alfabetización propio de la sociedad de la información.
  5. La creación de nuevas comunidades educativas a partir de las escuelas actuales.
  6. La superación del modelo fabril.
  7. La renovación tecnológica de la escuela.
  8. La redefinción del rol del profesorado.
  9. La redefinición del rol del Estado en la educación.
  10. La aceptación del principio de educación a lo largo del vida.
  11. La implicación de las escuelas en el mundo práctico.
El horizonte de la educación global.

La enseñanza y la educación se tienen que transformar en una doble dimensión: intelectual y práctica. En la primera, le corresponde una renovación de los principios que inspiran, de su filosofía y de los lenguajes con los que trabaja. En la segunda, se debe implicar en una transformación profunda de infraestructuras, instrumentos, reglas y normas.
Ambas tareas se resumen en un cambio profundo de su ecosistema comunicativo.

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